lunes, 16 de septiembre de 2013

EL CAFÉ MAÑANERO O EL TÉ DE MEDIA TARDE PODRÍAN BENEFICIAR AL HÍGADO


¡Buenas noticias! ¿Verdad que ese café que tomas por la mañana te ayuda a despertarte, y el té de por la tarde te da energía? Pues además de eso y gracias a la cafeína que contienen, ambas bebidas podrían tener un beneficio inesperado – y positivo – para la salud del hígado al ayudarlo a metabolizar las grasas.

Unos no pueden vivir sin café, mientras que otros prefieren el té.  Sentirse más alertas y recobrar energías son algunas de las razones por las que millones de personas en el mundo los consumen. Estos efectos, que se obtienen gracias a la cafeína, se extienden más allá del sistema nervioso. Según parece, la cafeína podría tener una influencia positiva en la salud del hígado, específicamente, del hígado graso no alcohólico.

El hígado graso es una afección que consiste en la acumulación de grasa en el hígado, y que suele ir acompañada de otros factores, como hipertensión, resistencia a la insulina, obesidad abdominal y triglicéridos elevados. Ocurre en las personas que beben muy poco o no beben alcohol. La condición se conoce además como enfermedad del hígado graso sin alcohol (NAFLD por sus siglas en inglés).
Se considera una enfermedad silenciosa, ya que generalmente no da síntomas específicos, aunque algunos pacientes pueden experimentar una ligera sensación de presión o un poco de dolor en el abdomen, fatiga crónica o pesadez después de las comidas y a veces un tono oscuro de la piel del cuello y la región de las axilas.

Un estudio, llevado a cabo por Duke-NUS Graduate Medical School (Duke-NUS) y Duke University School of Medicine, sugiere que un aumento en el consumo de cafeína podría reducir la grasa en el hígado de las personas que padecen de NAFLD. El estudio se publicó en el número de septiembre de la revista Hepatology.

A nivel mundial, el 70% de las personas que sufren de hígado graso sin alcohol padecen también de diabetes y de obesidad, las causas principales de la enfermedad. Se estima que el 30% de los adultos en los Estados Unidos padecen de NAFLD, y hasta hoy no existen tratamientos efectivos para combatir la enfermedad, con excepción de las dietas saludables y los ejercicios.

Normalmente se recomienda bajar de peso, mediante una dieta que aporte entre 1,200 y 1,500 calorías, aumentar el consumo de fibra y de grasas omega 3, reducir carbohidratos simples y las grasas saturadas y suprimir totalmente las bebidas alcohólicas.

Los autores del estudio, el Dr. Paul Yen, profesor e investigador, y Rohit Sinha del programa de Trastornos Cardiovasculares y Metabólicos de la Facultad de Medicina de Duke-NUS, en Singapur, usaron ratones y cultivos de células. En sus investigaciones, observaron que la cafeína estimula la metabolización de los lípidos almacenados en las células del hígado, y la disminución de la grasa del hígado graso en los ratones. Los ratones habían sido alimentados con una dieta alta en grasa.

Estos hallazgos sugieren que consumir el equivalente de la cafeína que hay en cuatro tazas de café o té diariamente, puede ser beneficioso para prevenir el hígado graso sin alcohol (NAFLD) en el hígado de las personas y para protegerlo del desarrollo de la enfermedad.

Según el Dr. Yen, es el primer estudio detallado sobre el mecanismo de la acción de la cafeína en los lípidos (grasas) del hígado, y los resultados son prometedores. Como tanto el café como el té se consumen en abundancia en todo el mundo,  la idea de que puedan en realidad tener valor terapéutico es una noticia esperanzadora para la mayoría de las personas.

Según los investigadores, los resultados del estudio podrían conducir al desarrollo de medicamentos similares a la cafeína, que no tuvieran los efectos secundarios “malos”  que se asocian con ella (como la ansiedad, el nerviosismo y el insomnio),  pero que mantuvieran los beneficios terapéuticos para el hígado. Y hasta es posible que el estudio se convierta en un punto de partida para averiguar todos los beneficios que podría proporcionar la cafeína a los seres humanos.

En resumen, hábitos tan sencillos como beber té o café podrían tener repercusiones en nuestra salud, tanto negativas como positivas. Esta noticia, por suerte, le añade un tanto a la columna de beneficios de la cafeína. Desde luego, en moderación ¡Brindemos por eso con una tacita de humeante café, o un tecito helado!

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿DEBO HACER ACTIVIDAD FÍSICA DURANTE EL EMBARAZO?


Casi todas las mujeres pueden y deben hacer algún tipo de actividad física durante el embarazo. Sin embargo, consulte primero con su profesional de la salud, especialmente si usted tiene presión arterial alta, diabetes, anemia, sangrado u otros problemas de salud o si usted es obesa o pesa muy poco.

No importa si usted hacía o no algún tipo de actividad física antes de su embarazo, pregúntele a su profesional de la salud cuánto ejercicio puede hacer sin correr peligro. Trate de hacer por lo menos 30 minutos de alguna actividad física de intensidad moderada (que le haga respirar más fuerte pero que no le haga trabajar demasiado o sobrecalentarse) la mayoría, o de ser posible, todos los días.

La actividad física de intensidad moderada realizada regularmente durante el embarazo puede:
Ayudarle a que usted y su bebé aumenten la cantidad adecuada de peso.

Reducir las molestias del embarazo como el dolor de espalda, los calambres en las piernas, el estreñimiento, la hinchazón y la inflamación.

Reducir su riesgo de diabetes gestacional (la diabetes que se detecta por primera vez cuando se está embarazada).

Mejorar su estado de ánimo y nivel de energía.

Mejorar su sueño.

Ayudarle a tener un parto más fácil y rápido.

Ayudarle a recuperarse del parto y regresar más rápido a un peso saludable.

Siga estas precauciones cuando haga actividad física durante el embarazo:

Escoja actividades moderadas que sean menos propensas a hacerle daño, como caminar, aeróbicos acuáticos, natación, yoga o usar una bicicleta fija o estacionaria.

Deje de hacer ejercicio cuando comience a cansarse y nunca haga ejercicio hasta quedar exhausta o sobrecalentarse.

Tome mucha agua.

Póngase ropa cómoda que le quede bien y le dé soporte y proteja al pecho.

Deje de hacer ejercicio si se siente mareada, le falta aire, tiene dolor de espalda, hinchazón, entumecimiento, náusea o si su corazón comienza a latir muy rápido o irregularmente.

EL AGUA PARA BAJAR DE PESO


Si tu meta es deshacerte de la grasa, evita deshidratarte. Tu primera opción es y debe ser siempre el agua, pero igual puedes recurrir a bebidas bajas en calorías o sin calorías. El que no te falten líquidos te puede ayudar de muchas maneras. Tomar un par de vasos de agua antes de comer reduce notablemente el hambre. 

Si, te mandará más veces al baño, pero eso es algo bueno. Con forme la grasa almacenada se moviliza, el cuerpo genera toxinas, las cuales tienden a acumularse en el cuerpo. Si eso ocurre, las toxinas generan mal aliento, fatiga e irritabilidad. Pero mientras más agua tomes, más se diluyen esas toxinas y abandonan el cuerpo con mayor rapidez. 
Si quieres mejorar esa acción depurativa, disuelve en el agua un poco de clorofila. La clorofila purifica y actúa como un desodorante interno.

Por último toma en cuenta que la sed es uno de tus peores enemigos cuando estas adelgazando. Con frecuencia la sensación de sed se confunde con el hambre y para saciarla muchas veces se consumen alimentos en lugar de líquidos. 
A veces el subconsciente busca el agua que ofrecen algunos alimentos caldosos o jugosos. Pero si satisfacernos así la sed, junto con el gua recibiremos una buena cantidad de calorías en forma de azúcares, grasas o harinas. En cambio, si permanecemos bien hidratados no habrá oportunidad de confundir sed con hambre.

¿CÓMO PREPARA UNA LONCHERA SALUDABLE PARA UN NIÑO EN EDAD PREESCOLAR?


Diversas organizaciones de la salud recomiendan,  al menos 5 comidas al día: desayuno, media mañana, almuerzo, media tarde y cena. Entre cada comida deben pasar alrededor de 3 horas. No se debe omitir ninguna.

La lonchera cumple la función de colación a “media mañana” y debe cubrir entre 8 y 12% de las necesidades nutricionales de una persona.

Tiene 4 componentes:

Líquidos: para una hidratación adecuada (reposición de líquidos).

Fruta: junto con las verduras ofrecen grandes concentraciones de fibra y micronutrientes (vitaminas y minerales) para mantener a tu niño sano.

Energético: ricos en carbohidratos, proveen la energía que el niño o niña necesita.

Constructor: rico en proteínas ayudará a que tu niño crezca fuerte.

Un niño en edad preescolar necesita 1300 calorías diarias aproximadamente; por lo tanto, una lonchera debe proveer de 120 a 140 calorías. Si el niño toma desayuno a las 7 de la mañana, tendría que estar tomando su lonchera a las 10 am y almorzando a la 1 pm.

Consideraciones para preparar una lonchera:

A veces vemos a niños pequeñitos con loncheras ENORMES, asegúrate de elegir también un tamaño adecuado.
Elige una lonchera adecuada para tu pequeño (tamaño, peso, resistencia).

Bebida: agua o jugo natural. Evita las gaseosas, jugo de caja, bebidas “hidratantes” (power aid, gatorade, etc.) y otras bebidas envasadas.

Fruta: procura variar la fruta diariamente para que no se aburra.

Energético: media porción de algún alimento rico en  energía (1 petit pan, medio pan, medio paquete de galletas, 1 tostada, media taza de algún cereal no azucarado), procura que sea la versión integral. Evita las golosinas, galletas con relleno, etc.

Fortalecedor: media porción, por ejemplo: 1 huevo de codorniz, medio huevo duro, un vaso pequeño de leche semidescremada o de yogurt natural, 1 lonja de queso o 1 lonja de jamón. Puedes variar algunos días y enviar un puñado de nueces (maní, nueces, macadamia, pistachos, etc.); las nueces son ricas en ácidos grasos insaturados (buenos para la salud) y en proteína vegetal.


Recuerda hacer combinaciones adecuadas. Puedes hacer un sándwich (o medio sándwich) con el pan y un fortalecedor como: el queso o el jamón o el huevo; o si quieres enviar yogurt, puedes acompañarlo con el cereal, etc.

Para aumentar micronutrientes, sin aumentar las calorías, puedes aumentar un poco de verdura, por ejemplo: tomate y lechuga dentro del sándwich.

No olvides colocar los “implementos necesarios” como individual, servilletas, cucharita si le mandas yogurt con cereal, etc.

Asegúrate de colocar los alimentos de manera que no se “chanquen” entre sí o derramen.

Puedes poner una nota alegre y positiva o alguna imagen que guste a los niños porque  suelen conversar y “enseñar” lo que trajeron.

Trata que los alimentos en conjunto, contengan al menos 3 colores diferentes.

Procura no “repetir” alimentos en las demás comidas. Por ejemplo: si en el desayuno consumió una mandarina y también yogurt con cereal, entonces procura que la lonchera contenga manzana y otra opción de las listas de energético u fortalecedor.

Conversa con tu hijo y averigua cuáles son sus combinaciones favoritas y cuáles le desagradan o “le caen mal”. Una vez que llegue a casa, revisa que sobró en la lonchera.

Evita premiar a tu hijo con “golosinas” ya que le crearás la ilusión de que las golosinas o comida chatarra en general son buenas/premios y que la comida saludable es un castigo.

Sigue estas recomendaciones y ve a tu niño alimentarse para crecer sano y fuerte.
Nota: Esta lonchera de media mañana no debe reemplazar un almuerzo.
 ¡El resto de las comidas también deben ser balanceadas!

lunes, 2 de septiembre de 2013

HOMBRES: ¿HAY RELACIÓN ENTRE LA CALVICIE Y LA SALUD CARDÍACA?



Una cosa es perder el pelo y otra muy distinta es que se deteriore o se “caiga” tu salud. Sin embargo, si eres de los que ya ha considerado afeitarse la cabeza porque ha perdido mucho pelo, presta atención a esta noticia: un estudio nuevo vuelve a vincular la calvicie con los problemas del corazón. Sigue leyendo y descubre más detalles sobre este tema.

Muchos hombres se preocupan ante la caída del cabello que, por cierto, es un problema muy común entre los varones. Sobre todo la llamada calvicie de patrón masculino (alopecia androgenética, alopecia androgénica, alopecia común o calvicie común en los hombres), que está relacionada con los genes y las hormonas sexuales, y que afecta al 80 por ciento de los hombres menores de 70 años.

La calvicie de patrón masculino o androgénica se produce cuando los folículos del cabello se reducen y producen hebras de cabello cada vez más finas, que solamente duran períodos cortos de tiempo, hasta que llega un momento en el que ya no brota más cabello del folículo, aunque éste siga vivo.

¿Sabes cómo detectarla? Pues es la típica caída del cabello que comienza con forma de M: primero aparecen las conocidas “entradas” en la frente y en la “corona” en la nuca, hasta que poco a poco ambas partes se van uniendo en forma de herradura.

Si bien la calvicie no es una enfermedad en sí misma, puede causar problemas de autoestima en quienes la padecen. Y hay más: varios estudios han vinculado a la calvicie con un aumento en el riesgo de sufrir otras enfermedades, como infartos o ataques al corazón, problemas cardíacos y cáncer de la próstata.

Tal es el caso de una nueva investigación que ha sido publicada en la revista British Medical Journal Open, que aumenta las evidencias sobre este tema, ya que ha encontrado que la calvicie masculina está vinculada a un mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiaca coronaria, pero sólo si se produce en la parte superior de la cabeza, es decir, en la coronilla. Por el contrario, los que tienen calvicie inicial en la línea del cabello no están en riesgo.

Para llegar a estos resultados, un grupo de investigadores de la Facultad de Postgrados de Medicina de la Universidad de Tokio, en Japón, hizo un análisis minucioso de los estudios publicados entre 1950 y 2012, acerca de la calvicie de patrón masculino alopecia androgénica y la enfermedad cardiaca coronaria.
Así encontraron 850 estudios, pero sólo seis cumplieron con los criterios para ser elegidos. Habían sido publicados en Estados Unidos, Dinamarca o Croacia, entre los años 1993 y 2008, y en total incluyeron a alrededor de 37 mil hombres participantes.

Tras analizar los resultados -aunque los investigadores admitieron que el hecho de que los estudios eran de un tamaño pequeño era una limitación-, ellos concluyeron que los hombres cuya calvicie afectaba la coronilla tenían entre un 32 y un 84 por ciento mayor posibilidad de desarrollar enfermedad cardiaca, comparado con los hombres sin calvicie o con una línea de cabello recesiva.

Tres de las investigaciones analizadas fueron lo que se denomina estudios de cohortes, es decir que consideraron la salud de los hombres calvos durante al menos 11 años. En este caso, los hombres que habían perdido la mayor parte de su cabello tenían una posibilidad 32 por ciento mayor de desarrollar enfermedad de las arterias coronarias. Y el riesgo era aún mayor (de 44 por ciento) si se consideraban a los hombres menores de 55 o 60 años.

Los otros tres estudios considerados compararon la salud del corazón entre quienes eran calvos y los que no lo eran. El resultado fue similar: los calvos tenían una probabilidad 70 por ciento mayor de tener enfermedades del corazón, y los grupos de menor edad mostraron tener un riesgo 84 veces mayor que el de los hombres sin calvicie.

Para compensar las diferencias en los métodos de evaluación de la calvicie, los investigadores estudiaron cuatro grados diferentes de calvicie: ninguna, frontal, corona-superior y combinada.

De esta forma encontraron que los hombres con calvicie frontal y en la corona tuvieron una posibilidad 69 por ciento mayor de tener enfermedad de las arterias coronarias, mientras que los que tenían calvicie sólo en la coronilla tuvieron un riesgo 52 por ciento más alto y las personas con calvicie frontal sólo un riesgo del 22 por ciento más elevado.

El porqué de esta relación sigue siendo un misterio, aunque los autores consideran que la calvicie podría ser un marcador de otros factores de riesgo de la enfermedad cardíaca, como la resistencia a la insulina (un precursor de la diabetes), la inflamación crónica o una mayor sensibilidad a la testosterona (que es la hormona masculina).



Por todo esto, la recomendación para cualquier varón que se está quedando calvo (o está perdiendo el cabello) es adoptar un estilo de vida saludable que los ayude a cuidar su corazón, al igual que debe hacerlo cualquier persona que esté en riesgo. Es decir, sigue una dieta baja en grasa, controla tu presión arterial y tu nivel de colesterol de glucosa (azúcar) en la sangre, practica ejercicio de manera regular, procura mantener un peso sano (tu índice de masa corporal debe estar entre 18.5 y 25), controla el estrés y evita el tabaco.

EL QUESO Y OTROS PRODUCTOS LÁCTEOS PODRÍAN PROTEGER CONTRA LAS CARIES



Según un estudio, los productos lácteos, especialmente el queso, podrían tener beneficios para la salud oral, incluyendo protección para los dientes contra las caries.
La salud de la boca puede ser un indicador de la salud general. Muchas enfermedades serias, como la diabetes, el síndrome de la inmunodeficiencia adquirida (VIH/SIDA) y algunos trastornos de la alimentación (como la bulimia), muestran como sus primeros signos los síntomas en la boca, como la candidiasis oral (un crecimiento excesivo de la levadura en la boca). Es por esto que los profesionales de la salud recomiendan exámenes orales completos anuales.

Los problemas dentales incluyen las caries, las enfermedades de las encías (como la gingivitis y la periodontitis), las llagas bucales o aftas (estomatitis aftosa), la mucositis, las infecciones por hongos, la leucoplasia bucal y el cáncer oral o cáncer bucal. Los problemas más comunes de salud oral son las caries y las enfermedades de las encías (incluyendo a la gingivitis y la periodontitis). La mayoría de los adultos muestran síntomas de la enfermedad de las encías en algún momento. Según los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, Centers for Disease Control), la enfermedad de las encías afecta a alrededor del 14% de los adultos de entre los 45 y los 54 años de edad.

En el presente estudio, los investigadores examinaron los efectos del consumo de productos lácteos en el pH de la placa dental en 68 sujetos con edades entre 12 y 15 años. El pH es una medición de la acidez o alcalinidad. Un nivel de pH inferior a 5,5 puede indicar el riesgo de erosión dental, o el desgaste del esmalte de los dientes. Según los autores, entre más arriba del 5,5 se encuentre el nivel de pH de la placa, menor es el riesgo de desarrollar caries.

Los participantes no se cepillaron los dientes por 48 horas antes del comienzo del estudio. Fueron asignados al azar en cuatro grupos: el queso, la leche, el yogur (yogurt), o parafina (el grupo control). Todos los sujetos masticaron o hicieron buches con su respectivo producto durante 3 minutos, y se evaluó el pH de la placa dental a intervalos específicos.

Los resultados indican que los diferentes productos lácteos llevaron a diferentes cambios en la media del pH de la placa. El pH fue mayor después de 30 minutos en el grupo de quesos, en comparación con el grupo de la leche y el grupo de yogurt.

Los investigadores concluyeron que el queso podría ayudar a reducir el riesgo de caries, en comparación con otros productos lácteos. Sin embargo, se necesitan más estudios para comprender mejor y confirmar estos resultados.
Se han evaluado los beneficios potenciales para la salud dental de muchas hierbas y suplementos. Hay una fuerte evidencia científica que apoya el uso del estroncio para las condiciones dentales.

8 CONSEJOS PARA DISTINGUIR ENTRE ALIMENTOS MÁS Y MENOS SALUDABLES



¿Estás segura de que sabes distinguir un buen alimento de otro que no es tan saludable? A veces pensamos que algo es sano simplemente por costumbre o prejuicio. Otras veces, nos dejamos llevar por los colores y el aspecto de las etiquetas, que pueden ser engañosas. Sigue leyendo y descubre ocho consejos para distinguir entre alimentos más y menos saludables.
¿Cómo puedes saber qué es saludable y qué no lo es? Antes que nada, recuerda que hay distintos tipos de nutrientes que tu cuerpo necesita para poder desarrollarse y mantenerse sano, que provienen de cinco grupos de alimentos principales: los lácteos; los que nos proporcionan proteínas: las carnes huevos y pescados, frijoles o habichuelas, etc.; las frutas; los vegetales y los cereales. Las grasas no son un grupo alimenticios pero proporcionan nutrientes esenciales.

Todos son necesarios dentro de la dieta pero en cantidades apropiadas. Por ejemplo, las recomendaciones del Departamento de Agricultura de Los Estados Unidos sugieren que en tu plato predominen las frutas y las verduras. Entre los principales nutrientes que debes evitar se encuentran ciertos tipos de grasas, como las grasas trans que se encuentran en algunos productos como las galletas, los pasteles; la sal o sodio y los alimentos y bebidas azucaradas.

En general, puedes obtener todos los nutrientes que necesitas de los alimentos. Y si de opciones saludables se trata, siempre es mejor que elijas productos naturales en vez de productos procesados, como frutas y vegetales frescos, carne magra o pollo de granja (son más nutritivos y contienen menos sustancias químicas agregadas que, por ejemplo, los productos envasados y las hamburguesas que ya vienen listas para preparar).

Ahora bien, si el ritmo de vida y las obligaciones cotidianas no te dejan demasiado tiempo para cocinar, y te resulta más sencillo comprar productos elaborados que puedas preparar rápidamente y sin complicaciones, o comida preparada, no hay problema, siempre es posible seleccionar alternativas más saludables.

Entonces sí, toma nota de estos consejos para que puedas distinguir y elegir la opción que sea más saludable y, a la vez, no sacrifiques el sabor:

1. Presta atención al número de calorías por porción en el paquete del producto que estás por comprar y cuántas de ellas provienen de las grasas. Entre menos calorías provengan de las grasas, más sano es el alimento. Ten en cuenta que en una dieta de 2,000 calorías diarias, se recomienda consumir menos de 65 gramos de grasa.

2. Fíjate en el tipo de grasa que contiene el producto y evita las grasas trans y las saturadas. La Asociación Americana del Corazón recomienda consumir menos de 2 gramos de grasas tras por día, en una dieta de 2,000 calorías.

3. Evita el exceso de colesterol y sodio (sal). Recuerda que en una dieta de 2,000 calorías, deberías consumir menos de 300 miligramos de colesterol y menos de 2,400 mg de sodio (¡eso es el equivalente a una cucharadita de sal!).

4. Corrobora que, en lo posible, el producto que elijas tenga fibra, vitaminas, calcio y hierro. Para que una comida sea rica en estos nutrientes debe proporcionar al menos el 20 por ciento de los valores diarios recomendados. Claro que no es necesario que tenga todos los nutrientes, en general, los alimentos tienen uno o dos predominantes. Por eso es importante que tu dieta sea variada.

5. Busca si el producto que quieres contiene azúcar agregada o no. En verdad, si el alimento tiene azúcar de manera natural, no figura en la etiqueta. Si tiene azúcar agregada puede aparecer nombrada con distintas nombres. Toma nota y recuérdalas: azúcar, jarabe de maíz de alto contenido de fructosa (high-fructose corn syrup), jarabe de maíz (corn syrup), maltosa (maltose), dextrosa (dextrose), sacarosa (sucrose), miel (honey), jarabe de arce (maple syrup) y jugo de fruta concentrada (fruit juice concentrate).

6. Lee el orden en que aparecen los ingredientes en la etiqueta del producto, eso indica cuánto contiene. Es decir, el primero que aparece es el más abundante, el segundo el que le sigue, el tercer un poco menos y así sucesivamente. Si entre los primeros figuran azúcar, sal o grasa, mejor elige otra cosa.

7. Si compras productos orgánicos, aprende a leer las etiquetas de estos, pues en ellas también puede haber engaños.

8. Cuando pidas comida preparada, presta atención al tipo de cocción que tengan. Son mejores las horneadas o las asadas. Por el contrario, evita los alimentos fritos.
Ahora sí estás listo(a) para hacer tu próxima compra. Sigue nuestras recomendaciones para que a partir de ahora puedas llenar la alacena con alimentos y productos que sean mejores y más saludables.